Hoy el Sol vuelve a recorrer el mismo cielo que te vio nacer, y mi alma se llena de gratitud por la inmensa suerte de compartir esta vida contigo.
Porque entre todo aquello que cambia,
entre todos los inviernos y todas las primaveras,
tú siempre has sido mi constante.
Qué regalo tan inmenso ha sido recordarte.
Recordar aquello que ya habíamos pactado
más allá del tiempo y del espacio.
Recordar que este encuentro no empezó aquí,
que nuestras manos ya se habían buscado
en otras vidas, terrestres y cósmicas,
y que siempre supimos que volveríamos
a encontrarnos.
Qué hermoso es volver a reconocernos.
Caminar de la mano en la Tierra,
siendo constante eterna
también en el Universo.
Porque no nos lo han puesto fácil,
pero nunca hemos soltado nuestras manos.
Y cuánto orgullo siento al mirarte.
Orgullo por tu fuerza, por tu valentía,
por tu inmenso corazón, por tu lealtad,
por tu honestidad y por la nobleza
con la que caminas por el mundo.
Por ese niño curioso, sabio
y quizá no siempre comprendido,
que guardaba dentro una consciencia inmensa
y una forma única de mirar la vida.
Admiro tu capacidad de sostener,
de cuidar, de hacer que todo encuentre sentido.
Admiro tu luz, tu paciencia, tus valores,
tu forma tan pura de amar.
Y también esa alegría tan tuya,
esa manera de sacar una sonrisa
incluso cuando el día pesa,
de devolver ligereza,
de recordarnos que la vida
también necesita juego, risa y ternura.
Tu mirada me calma.
Tu presencia me ordena.
Y tu voz, abre caminos entre el cielo y la tierra,
nos lleva a lugares donde el alma recuerda,
donde la luz se hace casa
y la consciencia vuelve a despertar.
Eres amor puro.
Un guardián de luz.
Un maestro que me enseña a cada instante,
incluso sin darse cuenta.
Mi compañero de viaje.
Mi refugio.
Mi hogar.
Mi constante.
Hoy celebro tu existencia, tu historia
y al hombre maravilloso que eres.
Feliz vuelta al Sol, amore.
Gracias por volver a encontrarme.
Gracias por caminar junto a mi.
Gracias por Ser Luz pura.
Por esta y mil vueltas mas!
Zorionak, laztana. 💜✨







