Morir de amor.
Comprender el amor en estado puro va más allá de cualquier palabra que pueda salir de mí ahora.
Ayer se nos partió el mundo en dos. O quizá fue tu corazón, cansado de amar tanto, el que no supo seguir latiendo dentro de un cuerpo demasiado pequeño para una Luz tan inmensa.
Diez años de puro amor.
Del que no pregunta, no exige, no se acaba.
Diez años aprendiendo que la alegría
tenía patas, mirada dulce y un nombre:
Rey.
Llegaste cuando estábamos rotos.
Cuando hacía falta volver a creer en algo.
Y eso hiciste: El Despertar de la Fuerza.
Entraste en casa como una luz pequeña
para recordarnos que todavía quedaba vida,
alegría, y motivos para volver a sonreír.
Desde entonces, la felicidad llevó tu nombre.
Ahora intento comprender
cómo se despide de aquello que nunca se irá.
Cómo se suelta un cuerpo
cuando el alma se queda aquí,
respirando en cada rincón,
latiendo en todo lo que tocó.
Porque tú vas a seguir estando.
En la emoción de la comida.
En tu lucha eterna contra las persianas.
En tus ladridos al tren.
En el galopar de los caballos,
donde te sentiremos siempre.
En la luz que entra por casa.
En todo lo que siga pareciéndose a ti.
Gracias por estos diez años
Por el amor.
Por la fuerza.
Por habernos elegido.
Por enseñarnos que amar
también es dejarse atravesar por la belleza,
aunque un día duela más
de lo que podemos nombrar.
Ayer tu corazón se partió en dos.
Y el nuestro se quedó para siempre
con tu nombre grabado a fuego.
Ahora nos acompañas
más allá del tiempo y del espacio,
instalada en ese lugar del corazón
donde siempre tuviste, y siempre tendrás,
tu trono.
Nos vemos al otro lado de la materia. Donde ya no haya cuerpos que se rompan. Donde el amor no tenga que despedirse. Donde siempre serás eterna.
Hasta entonces, quédate cerca.
Porque la alegría,
desde ayer y para siempre,
lleva tu nombre.
Vuela libre.
Rey. 🤍✨
Jessica y Gorka veintiochoalmas







