Ayer nuestro gigante de luz emprendió su último viaje.
Han llegó a nuestra vida para enseñarnos que la fuerza más grande siempre es la del amor. Con su inmenso cuerpo llenaba cualquier espacio, pero era su corazón el que realmente lo abrazaba todo. Noble como pocos, sereno, leal, paciente y profundamente bueno. Un alma que nunca necesitó palabras para recordarnos lo que significa amar sin condiciones.
Tenía esa torpeza entrañable que conseguía sacarnos una sonrisa incluso en los días más difíciles. Siempre encontraba la forma de acercarse para pedir una caricia más, un abrazo más, un instante más a nuestro lado. Porque si algo definía a Han era el inmenso amor que llevaba dentro.
Hace justo cuarenta días despedíamos a Rey, y hoy, vuelven a estar juntos. Los tres, de nuevo sonriendo. Tres almas que caminaron a nuestro lado dejando una huella imposible de borrar y que ahora descansan donde ya no existe el dolor, el cansancio ni el paso del tiempo.
Gracias, Han, por cada mirada llena de ternura, por enseñarnos que la bondad puede ser inmensa y silenciosa al mismo tiempo.
Hay seres que pasan por la vida. Y hay otros que se convierten en parte de ella para siempre.
Tú siempre serás uno de ellos.
Corre libre, pequeño grandullón.
Y cuando vuelvan a caer las estrellas, sonreiremos al sentirte danzando entre ellas.
Nos volveremos a encontrar.
Vuela alto mi chico.
Agur Han 🤍🪽✨







