Hay momentos en los que parece que el cielo, la Tierra y la humanidad hablan al mismo tiempo, y quizá este sea uno de ellos, porque estamos viviendo tantas cosas en tan poco tiempo que el cuerpo apenas encuentra espacio para integrar todo lo que está sintiendo.
Terremotos, incendios que han convertido bosques en ceniza, inundaciones, cielos teñidos de rojo, invasiones, un eclipse que volvió nuestros ojos hacia el cielo y una sucesión de acontecimientos que la mente intenta ordenar, buscando respuestas entre demasiadas piezas que parecen estar convergiendo a la vez.
Y mientras el mental pregunta qué está ocurriendo, qué hay detrás de todo esto y hacia dónde nos lleva, el cuerpo responde con su propio lenguaje: cansancio profundo, presión en el pecho, nudos en el estómago, sueño alterado, sueños intensos, ansiedad, angustia, miedo, frustración y una extraña incertidumbre que sentimos aunque no sepamos nombrarla.
Porque somos humanos habitando una Tierra que también atraviesa sus propios movimientos, bajo un cielo que continúa recordándonos que formamos parte de algo mucho más grande, y aunque la mente no consiga comprenderlo todo, el corazón sí reconoce el dolor cuando ve arder un bosque, desaparecer un hogar o ver a la humanidad enfrentarse cuando más necesita encontrarse.
Quizá por eso este tiempo nos pide raíces profundas y consciencia despierta, sentir la Tierra bajo nuestros pies mientras recordamos la inmensidad que llevamos dentro, cuidar este cuerpo que hace de puente entre el alma y la materia y volver al corazón cuando fuera todo parece demasiado grande.
Que lo que suceda no nos arrebate la ternura ni consiga separarnos, porque habrá momentos en los que no tendremos respuestas, pero siempre podremos elegir cómo atravesarlos.
Contra viento y marea, que nos encuentre humanos, unidos y con el corazón encendido, recordando que incluso bajo el cielo más incierto todavía podemos ser luz para alguien.
No lo olvides, No te olvides
Jessica y Gorka 💜⚜️







